Esta semana María Velasco narra lo que ve, siente o intuye desde su ventana
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Esta semana María Velasco narra lo que ve, siente o intuye desde su ventana

María Velasco es autora y directora de escena. Tras su paso por el programa ‘Escritos en la escena’ del CDN, el pasado febrero se estrenó su obra Taxi Girl (Premio Max Aub de Teatro), con dirección de Javier Giner, en la Sala de la Princesa del Teatro María Guerrero. Con anterioridad coprodujo, escribió y dirigió una versión libre de La espuma de los días, que se estrenó en el Teatro Español e hizo incursión en el Teatre Lliure también en febrero de 2020.

Desde mi ventana

Un objeto no identificado entró volando, el pasado mes de julio, por la ventana del techo. Al cabo de unos segundos, sin ser etólogos, caímos en la cuenta de que era UN MURCIÉLAGO. Mi pareja, que estaba viendo una película de terror, se dijo que los efectos eran de diez y el murciélago se fue por donde vino.

Para nuestra sorpresa, recibimos al huésped varias veces más. Se quedaba hecho un gurruño en la pared y, horas más tarde, se perdía en la noche. Su presencia era insólita en un piso de Madrid centro. Como un toque de atención de la naturaleza. LA NATURALEZA SE HABÍA COLADO POR NUESTRA VENTANA, CON NOCTURNIDAD, ALEVOSÍA Y PREMEDITACIÓN.

A excepción de las claraboyas en mi buhardilla solo hay una pequeña ventana que da a un patio interior. El patio es poco más grande que una caja de zapatos, así que no se ve gran cosa: un ascensor y varios aparatos de aire acondicionado; extractores y un sistema nervioso de tuberías. A estas alturas, he renunciado al telediario, así que esa ventana sin vistas es, prácticamente, mi única ventana al mundo. Suelo sentarme delante de ella, de la ventana ciega, a primera hora, para escribir antes de los wasaps, las llamadas, correos y videoconferencias. ESCRIBIR ES COMO REZAR SIN CREER EN DIOS, pero el demonio está hiperconectado.

El 2 de abril, día 18 de la cuarentena, me siento, como a diario, delante del ordenador. NUBES Y LLOVIZNAS. En el cuarto de baño caigo en la tentación de las redes y con las bragas bajadas leo:

#quedateencasa
#unaviviendadigna
#aplausosanitario
#lasanidadnosevende
#ingresominimovital
#damepaguita
#apagoncultural
#culturaencuarenta

Mi cabeza infringe el límite de decibelios. Malestar físico y emocional. Los minutos se van acumulando. Y no escribo. Y la página en blanco, mi muro de las lamentaciones, da paso a los clásicos fondos de escritorio.

Ante mis ojos, todavía llenos de legañas, desfilan paisajes lisérgicos: la CAMPIÑA, una silenciosa MONTAÑA, prados de un VERDE irracional, el crepúsculo con más COLORES que un especie invasora, ALMENDROS EN FLOR, nubes que invitan a la interpretación de los SUEÑOS, PLAYAS que no conocieron el condón… ANTÁRTIDA y DESIERTO disputándose el premio de Miss Universo.

Una naturaleza profundamente adulterada con colorantes, azúcar e Ibuprofeno se me anuncia en forma de MAPA DE BITS. Pero, desde mi confinamiento, yo recibo esos fondos de escritorio como una anunciación, una especie de epifanía de segunda mano.
Rompo a llorar y me percato de que ese llanto con secreción, es lo más cerca que voy a estar, en tiempo, de los lagos, saltos de agua, ríos y océanos que me promete el píxel.

Sigo lagrimando, acumulando pañuelos de papel, hasta que el consuelo me llega de improviso pensando en EL ZORRO que se pasea a sus anchas por el centro de Torremolinos y LOS JABALÍES que holgazanean a la suya en la carretera de les Aigües, cerca de Barcelona.
Y ME DUELEN LAS PARADOJAS, SIN EMBARGO, ME SONRÍO.

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