De la mano de Paco Gámez, conocemos su «ventana inexplicable»
#LAVENTANADELCDN
#DESDEMIVENTANA
DISPONIBLE

De la mano de Paco Gámez, conocemos su «ventana inexplicable»

Paco Gámez es autor teatral y actor. Sus textos han sido galardonados con premios como el Calderón de la Barca, Leopoldo Alas Mínguez-SGAE, Jesús Domínguez o SGAE de Teatro Infantil. Ha participado en Panorama Sur (Buenos Aires), Programa de Nuevas Dramaturgias del INAEM y en el Laboratorio SGAE. Entre sus últimos trabajos llevados a escena figura “Inquilino (Numancia 9, 2ºA)”, que se estrenó el pasado diciembre en la Sala de la Princesa del Teatro María Guerrero, interpretado y codirigido por el propio Gámez.

Desde mi ventana

En el salón hay dos balcones y en uno he puesto un geranio para estar más cerca del sur.

Hay, en mi dormitorio, una ventana inexplicable; un ventanuco pegado al techo que no supera los diecisiete centímetros de diámetro, lo acabo de medir.

Yo quería hablaros de los balcones, del geranio y el cactus, de los vecinos recién descubiertos en este encierro… Yo había empezado a escribir; tenía un borrador… No sé qué ha pasado.

La ventana rara del dormitorio, mientras yo dormía, anoche, debió de sembrar en mi cabeza la orden: “háblales de mí”. Luego me he despertado con la luz que entra por ella.

Aún entre las sábanas pienso: ¿por qué una ventana con un tamaño tan diminuto? ¿Por qué tan descentrada en la pared? No son preguntas nuevas, me las repito desde que me mudé aquí. 

¿Será legal ese agujero en mi tabique? ¿Podrán construir al otro lado y tapiármelo?

Todo puede cambiar de un día para otro, ahora sabemos eso.

Entran por ella los primeros rayos de sol con más claridad que por los balcones. Dibujan en la pared de en frente un cuadrado lumínico perfecto que siempre me despierta, como si la hubieran colocado en un sitio estratégico después de hacer complejas mediciones matemáticas.

Sea lo que sea, no es un tragaluz casual, aunque lo parezca.

¿A dónde da esta ventana?

No lo sé. Llevo más de tres años aquí y no he conseguido averiguarlo.

Me subo a la cama otra vez –con esta ya van veinte–, me asomo como puedo, con la esperanza de descubrir algo nuevo y pego la cara contra el cristal.

Adivino otros edificios a lo lejos, pero no son ninguno de los que se ven desde la calle.

Me tiro sobre el colchón. Desde luego no es una ventana para mirar por ella.

¿Y si es un vano para ser observado desde afuera?

¿Puede alguien verme leyendo en la cama, o durmiendo, o haciéndolo?

¿Podéis verme?

He dibujado el plano de mi casa y las calles que la contienen. He hecho mapas para ubicar la ventana imposible.

He rodeado mi bloque para divisarla desde la calle. No la he encontrado. Tampoco los pisos que se atisban tras el cristal. Ninguna pista a la que agarrarme.

Si nadie ha visto nunca esa ventana desde ninguna parte, ¿existe?

Tal vez sea una ventana solo hacia adentro y existe solo en la cara interna de la casa.

¿Es una ventana a otra dimensión? ¿Es una broma cósmica?

La luz que deja entrar a la siete de la mañana es tan inverosímil que parece la escotilla de un barco en medio del mar.

“Hay otros mundos, pero están en este”. Leí eso hace poco.

Pego la boca al cristal y digo: “¿Hola, galaxia?”

¿Es esa ventana una forma tangible de convivir con lo irracional? ¿Un simple roto en la pared que pone en jaque toda lógica, una certeza material que cuestiona nuestra propia existencia absurda?

Las posibilidades son infinitas en un diámetro inferior a diecisiete centímetros. Lo acabo de medir.

¿Qué está pasando ahí afuera?

¿Podremos entender?

No sé, yo quería hablaros de los balcones.

_

Descarga el texto en PDF pinchando AQUÍ