Luis Moreno nos cuenta sus días de confinamiento en el relato «En el río»
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Luis Moreno nos cuenta sus días de confinamiento en el relato «En el río»

#LAVENTANADELCDN se convierte hoy en el balcón de Luis Moreno, un balcón que se asoma a la vereda del río y que escucha las conversaciones de los paseantes. Luis comparte con nosotros sus días de confinamiento en el relato que ha titulado «En el río».

Luis Moreno es actor licenciado por la Real Escuela Superior de Arte Dramático y becado por la Beca Sócrates para estudios de Performing Arts en la Middlessex University de Londres. Continuó su formación en el Teatro de Abadía entre 2003 y 2017.

Ha trabajado en cine, televisión y teatro. En esta última disciplina ha participado en más de treinta montajes profesionales con directores como Iñaki Rikarte, Dan Jemmett, Alfredo Sanzol, Lawrence Boswell, Carles Alfaro, José Luis Gómez, Carlos Aladro, Sergi Belbel, Luis Miguel Sintra, Josep Maria Flotats, Fernando Sánchez-Cabezudo o Ana Zamora, entre otros.

Escribe, produce y dirige en su compañía Les Felices. En el 2019 estrenó su texto teatral Los Inocentes en el Teatro del Barrio y escribió El Otro con una ayuda de la CAM a escritores noveles. Actualmente desarrolla su proyecto El año del Rock and Roll y ultima para su edición los poemarios El Movimiento es hacia Atrás y Fábulas de Otros.

 

 

En el río

Desde mi balcón veo la vereda del río. Está tan cerca que casi puedo tocar a la gente que ha salido a pasear o hacer deporte.

Cae la tarde y oigo a dos señoras quejarse: “saberlo lo sabemos todos pero no lo respetamos. Y lo que hace falta es respeto, respeto a los demás…”. Les cruza una mujer que habla por el móvil: “Teletrabajando estamos todos pero los de la oficina tenemos la sensación de que tú estás en casa muy tranquilamente… O sea, ¿seguimos a esto, no? Porque esto sigue, ¿no? ¿O no va seguir?…”. Un rato después una chica con acento latino repite muchas veces “Déjame hablar” mientras va de un seto a otro como buscando una salida. “Déjame hablar… Déjame hablar… Déjame hablar…”. Una pareja pasa abrazada y ella dice: “Hace unos días me he hecho un tratamiento en los pies, tengo las plantas tan suaves… ¿Luego quieres que te las enseñe?”. Dos parejas se encuentran: “Pues yo lo estoy llevando de puta madre”, dice uno de los hombres. Y el otro le responde: “Yo tengo mucha ansiedad, no como bien, no voy al baño, me paso las noches en vela, salto por cualquier cosa, no me concentro… No sé qué hacer con el tiempo…”. “Ya, yo estaba así ayer”, dice el primero.

Hacia el horizonte el cielo es púrpura. Ahora siempre sé donde está el sol. Suena suave una trompeta en un piso alto. Dos chicos pasean a buen ritmo: “Porque yo ahora, ¿qué hago?”, dice uno. “¿Buscar un trabajo en la privada para trabajar de ocho a ocho por ochocientos euros? Pues no. Me voy a preparar unas oposiciones y a ver qué pasa…”. En la entrada del puente una chica se está haciendo fotos con el móvil. Lleva mascarilla. Se coloca el pelo de diferentes formas, trata de sonreír con los ojos. Inclina la cabeza buscando el mejor ángulo. No se baja la mascarilla. Intenta capturar la luna de fondo. Un grupo de jóvenes se ha sentado en el puente y hablan mirando al río. Sus voces se oyen muy quedas.

Es ya tarde. No queda casi gente en la vereda. Desde aquí miro hacia el río, hacia los árboles y los caminos vacíos de dentro del parque cerrado. Se puede divisar el cauce y las ondas leves del agua poco profunda. Hay una luna muy grande esta noche que se refleja en el río. Cada vez hay más silencio, como una manta que hubiera ido cayendo. Veo la luz de la luna, alguna farola muy tenue y al fondo en el margen opuesto, luces ámbar salen de las ventanas como si fueran velas encendidas en una catedral. Hay bastante viento y los árboles se mueven. En la oscuridad, entre las ramas, donde es más frondosa la vegetación, algo parece brillar junto a unos arbustos. Es como una luz entre los árboles…. No es una luz, es un reflejo… Ahora lo distingo: es una banda de las que pone la policía que ha debido arrastrar el viento y se ha quedado atrapada en algún sitio. Ondea despidiendo reflejos pálidos de la luna, como fogonazos mates entre los árboles, como si alguien moviera una linterna sin pilas que emite una luz apagada. Y allí junto a esa luz, y bajo la que filtran las hojas de la luz de la luna, no consigo distinguirlo bien pero parece que una señora con sombrero está sentada en un banco del parque con la cabeza ladeada hacia el suelo. Una señora muy mayor que no se mueve. No parece moverse. No, no se mueve.

Un búho se ha posado en el balcón de enfrente. Parece un búho. Es muy grande para ser un cuervo. Es sorprendente cómo vuelan los días para lo lentas que pasan las horas. En mi radio suena Just Breath de Pearl Jam. “Yes, I understand / that every life must end, ooh, ooh / Oh, I am a lucky man to count on both hands the ones i love…/ Stay with me / Let’s just breath…”.
No se me va de la cabeza George Floyd gritando “mamma!”, tumbado en el suelo con la rodilla encima.

Es media mañana. He podido dormitar esta noche en el balcón. He tenido sueños raros. El último era como una película erótica hecha con disfraces y mucha fantasía. Aparecían personajes mitológicos y de cuentos infantiles, había políticos, estaba Dios, Los Reyes Magos, Caperucita, los Tres Cerditos y las Cuatro Cabritillas.

Abajo, tres niños bajan enfilados por la cuesta que da a la farmacia. Es casi la hora de comer. Un padre camina detrás de ellos, lleva un patinete, una pelota y una bici; y habla por el móvil. Es un padre pulpo de cuatro brazos. Los niños le van pegando patadas a una botella de refresco. El niño de la IZQUIERDA dice: “Mi hermana dice que cuando esto acabe vamos a ser todos ricos.” Y el de la DERECHA: “Yo le he oído a mi padre decirle a mi tío que después de esto se va a acabar el mundo. Yo creo que va a ser como en Apocalipsis Zombi pero con mascarilla y sin cargar vidas. Sólo te toca una vida para toda la partida”. Y el del CENTRO dice: “Pues mi madre dice que va a seguir todo igual.” El de la IZQUIERDA dice: “Yo, si lo dice tu madre me lo creo, ¿eh?”. “Joder, qué no os paséis”. “¿Qué hemos dicho?”. “Ya, que sí”.

Como no he dormido bien no estoy bien despierto. Y los restos del día se deslizan mientras termino de escribir esto. Venga a poner y a quitar, sobre todo a quitar.
Son casi las ocho de la tarde. La luz empieza a ser más roja y más gastada. Alguien de los bloques de al lado arranca los aplausos y se van sumando manos que salen de las ventanas como palomas aleteando. Te asomas conmigo al balcón y al fin nos vemos. Traes la mirada limpia, como de haber tenido un buen día. Ves mis ojeras y te ríes. TÚ dices: “¿Vas a salir hoy?”. Y YO: “No, hoy tampoco. Me quedo en casa. Voy a llamar a mis padres”.

Y TÚ y YO cruzamos los dedos.

 

Puedes escuchar el texto en voz de su autor Luis Moreno:

O descargar el texto en PDF AQUÍ

Luis Moreno

Actor licenciado en la RESAD y Beca Sócrates para estudios de Performing Arts en la Middlessex University de Londres, continuó formándose en el Teatro de Abadía entre 2003 y 2017.
Además de su carrera en cine y televisión (MoviStar+, HBO, Globoemedia, etc.) En teatro ha participado en más de treinta montajes profesionales, de textos tanto universales como contemporáneos, y colaborado con directores como Iñaki Rikarte, Dan Jemmett, Alfredo Sanzol, Lawrence Boswell, Carles Alfaro, José Luis Gómez, Carlos Aladro, Sergi Belbel, Luis Miguel Sintra, Flotats, Fernando Sánchez-Cabezudo o Ana Zamora, entre otros.
Escribe, produce y dirige en su compañía Les Felices a partir de textos propios, adaptaciones o creaciones colectivas.
En el 2019 estrenó su texto teatral Los Inocentes en el Teatro del Barrio y escribió El Otro con una ayuda de la CAM a escritores noveles. Actualmente desarrolla su proyecto El año del Rock and Roll y ultima para su edición los poemarios El Movimiento es hacia Atrás y Fábulas de Otros.
En 1996 su libro de poemas Lloran Los duendes En las calles Del corazón fue premiado y publicado en Calambur. Fue presentado como poeta por José Hierro en un recital conjunto publicado en 1997.